Sul de Minas

Brasil

Minas Gerais es uno de los estados brasileños que conserva más vestigios de su pasado colonial, cuando atraía a buscadores de oro y piedras preciosas. Aún hoy cuenta con numerosos ejemplos arquitectónicos que testimonian el característico y opulento barroco mineiro. La parte más al sur de esta tierra fascinante se llama Sul de Minas y es conocida por sus riquezas naturales, sus espléndidos panoramas, sus verdes colinas, sus aguas minerales y,

sobre todo, su café: uno de los mejores de Brasil. Aquí el terreno es fértil y las temperaturas son templadas y prácticamente constantes; las plantaciones de Arábica se encuentran a altitudes comprendidas entre 900 y 1200 metros y son cultivadas con gran sensibilidad por los temas ambientales: todas estas condiciones favorecen la excelencia del café local, merecidamente célebre —y celebrado— en todo el mundo.

N/A°

Adolfo Vieira

Brasil

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Adolfo Vieira
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Sul de Minas
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1999

Como todos los días, la Fazenda Passeio comienza a animarse muy temprano. Recién ha amanecido, pero Adolfo Vieira ya está en su oficina y, a través de la ventana, ve el laborioso ir y venir de los trabajadores. En los campos cargados de café la moral es alta y toda la plantación está animada por un alegre frenesí.

Adolfo pertenece a la cuarta generación de cultivadores de café, la tercera en la Fazenda Passeio. La propiedad originaria era más grande, pero antes de morir, su abuelo —emigrado a Brasil desde Portugal— decidió dividirla entre los hijos y destinó esta parte a la madre de Adolfo. En aquella época la parcela estaba poco cultivada: la tenacidad y la pasión de ella y de su marido les permitieron verla florecer en el curso de los años.

Esta es una tierra milagrosa, fértil y rica. A una altura de aproximadamente 1200 metros, y gracias a un microclima característico, las plantas maduran lentamente, dando al café una dulzura extraordinaria. Un gusto seductor para muchos consumidores en el mundo, como el propio Adolfo, que saborea su café exprés varias veces por día.

Lo está bebiendo en este mismo momento, mientras desde su oficina admira la plantación: los verdes campos brillan al sol y, en el patio, algunos trabajadores están ocupados en la limpieza de las drupas. Más allá también se pueden ver las cimas de los árboles plantados para sellar la decenal colaboración de la Fazenda con illy. Desde hace tres años, cada huésped de la finca registra su presencia plantando un arbusto. Una forma de dar gracias a la tierra y entregarle algo a cambio.