Támara

Colombia

Estamos en la región de Casanare, el mayor de los treinta y dos departamentos en que se divide Colombia. Circundada por altas montañas, esta área es rica en agua —que actualmente las prácticas agrícolas sostenibles intentan preservar— y está habitada por una gran variedad de animales. El café llegó aquí alrededor de 1750, traído por los Jesuitas, e inmediatamente dio vida a florecientes cultivos. La aldea de Támara surge a gran altitud, no lejos de una vasta llanura y del altiplano, y conserva sus tradicionales casitas de pizarra con techos de madera.

 Aquí los granos nacen a la sombra de los altos plátanos. Si preguntamos a los habitantes cuál es su secreto, nos dirán que lo que vuelve tan especial su café es la particular composición del suelo en el que crece, la altitud de aproximadamente 1400 metros a la que prosperan las plantaciones y, sobre todo, la luz que las ilumina y el canto de los pájaros que las alegra. Una combinación que, en todo el mundo, solo esta tierra parece ofrecer.

N/A°

Samuel Higuera

Colombia

monoarabica Samuel Higuera
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Samuel Higuera
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Támara
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2000

“Esa tierra cuesta demasiado” decía su padre. Pero Samuel no escuchaba razones. Tenía casi treinta años y había aprendido todo lo que había que saber sobre el café en la plantación familiar. Se sentía listo para comenzar su vida de cultivador, tomando riesgos en primera persona…
Comenzaba así la aventura de Samuel Higuera, más de cuarenta años atrás, en la región de Támara, Colombia. Ese campo, comprado tal vez a un precio excesivo, y las otras parcelas, recibidas en herencia, constituyen hoy la fuerza de Samuel, socio desde hace algún tiempo de la cooperativa local, que ofrece a los cultivadores de café de la zona un acceso directo al mercado.En esta tierra el tiempo parece haberse detenido: desde la casa de Samuel aún se pueden ver edificios en estilo colonial y las típicas construcciones de pizarra y madera. Un poco más arriba, en las laderas de las montañas, crece el apreciado Arábica de Támara.
Alrededor del café vive una comunidad cohesionada, arraigada en sus tradiciones y profundamente unida a la tierra. Un patrimonio bendecido, como las manos que la cultivan; también por este motivo, los habitantes hacen grandes esfuerzos para proteger y preservar su comunidad.
Aquí se dice que el café es un negocio del corazón: son numerosas las parejas que se ocupan de su cultivo. Y si los hombres se encargan de las tareas más pesadas, las mujeres representan una ayuda inestimable en la cosecha de las drupas maduras. Samuel está feliz de dar trabajo a tantas mujeres; piensa que son sus voces alegres y la atmósfera de fiesta que llevan consigo las que vuelven mejor su café.