Valle Occidental

Costa Rica

En la encantadora Costa Rica, el cultivo del café —verdadero orgullo nacional para los “ticos”— se concentra en la Meseta Central: una vasta área de altiplanos con fértiles terrenos volcánicos, donde vive más de la mitad de la población. El Valle Occidental es la parte más al oeste. Esta región parece creada “a medida de café”: la altitud comprendida entre 800 y 1400 metros, una humedad casi constante del 81 % y una temperatura media de aproximadamente 21 °C favorecen el desarrollo de cultivos florecientes y sanos.

En el Valle Occidental llueve durante aproximadamente 160 días por año. Al principio de la estación seca, en noviembre, comienza la cosecha del café, que dura hasta febrero y frecuentemente se produce en una festiva atmósfera navideña. La mayor parte de los cultivadores de esta zona posee pequeñas plantaciones y sigue prácticas agrícolas y de elaboración sostenibles. También esto da a su café Arábica los aromas y el perfecto equilibrio entre acidez y cuerpo que lo han hecho famoso en todo el mundo.

N/A°

Lydia Matamoros

Costa Rica

monoarabica Lydia Matamoros
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Lydia Matamoros
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Valle Occidental
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2005

Es una mañana soleada como tantas en Monte Rosa. Desde su ventana, doña Lydia Matamoros domina toda la plantación. La extensión exuberante de las plantas de café y los cítricos espontáneos que les dan sombra llenan los ojos de luz.
Lydia habla de su tierra con voz fresca; tiene una risa abierta y llena de vida. Su historia hunde sus raíces en el territorio de Naranjo, en la región del Valle Occidental. Es allí que, en 1932, su abuelo Juan Manuel concretó el sueño de comprar una finca. Con la central hidroeléctrica creada para sus campos, fue también el primero en iluminar completamente el condado de San Carlos, que hasta ese momento estaba parcialmente a oscuras.

Muchas estaciones se ha sucedido desde entonces, y algunas han golpeado duramente la actividad familiar. En el año 2000, una crisis del sector puso a dura prueba la supervivencia de la plantación. Lydia y su marido decidieron comprar toda la propiedad familiar y dedicar su vida al café: lo abandonaron todo y se trasladaron aquí con sus hijos.
Doña Lydia bendice esa elección cada día; nada la hace más feliz que ver crecer a su familia en la finca.
Esta mañana, mientras saborea su café, observa desde lo alto los movimientos de los colaboradores de Monte Rosa. Con ellos ha celebrado un pacto de lealtad con la tierra, para garantizar su estabilidad personal y la sostenibilidad del lugar en que viven.
Como la luz que Juan Manuel trajo por primera vez a estos campos, el café siempre será vida para todos ellos.